Mi aventura con Musicales 3C

Escrito por Ana Teresa Calvo Marco

Queridos amigos de Musicales 3C, es para mí un verdadero y sincero placer poder compartir con todos vosotros, que nos seguís y apoyáis con tanto cariño y que visitáis con asiduidad nuestra página web como sabéis en continuo crecimiento y construcción como la organización en sí misma, esta experiencia tan grande que estoy viviendo a tantos niveles de mi vida. Tanto es así que me cuesta horrores concebir otra idea de vida sin este proyecto y sobre todo sin toda la gente que hace grande lo que ahora es el germen de Musicales 3C.

Y es que no puedo evitar parafrasear a nuestro gran director musical, Guillermo Molinero, parafraseando a su vez a un personaje de sobra conocido cuando digo que me llena de orgullo y satisfacción haber asistido al nacimiento de Musicales 3C, que no es sino el fruto del esfuerzo constante y la ilusión de un buen puñado de jóvenes (no vamos a entrar en tema de edades..., pues como sabéis el amor al arte no entiende de años) por lo que nos consideramos todos jovenzuelos con un alma muy artista y un valor y empuje admirables.

Cuando me propusieron escribir para vosotros desde mi perspectiva esta aventura vivida con Musicales 3C desde los inicios hasta hoy plasmando mi experiencia, mis sensaciones, mis motivaciones,.., etc  no sabía cómo ni por dónde empezar. Lo cierto es que me vinieron de golpe a la cabeza un sinfín de momentos inexplicables, anécdotas y sensaciones que sin duda están haciendo de este lance maravilloso una inolvidable experiencia vital que no da para un post en este blog sino unos cuantos.

Así que he decidido centrarme en ciertos aspectos clave de mi experiencia personal para no aburriros.

Recuerdo perfectamente el día que la directora, ideadora y presidenta de Musicales 3C, una de las mujeres más admirables de esta empresa, Verónica Hellín, me ofreció la oportunidad de embarcarme en este viaje tan apasionante de hacer un musical amateur. Como os podéis imaginar no podía dar crédito a lo que me estaba proponiendo. ¡A mí, una estudiante de veterinaria con afición desmesurada por la música! ¡¡¿Un musical con las canciones de ABBA?!! ¡¿Nada más y nada menos que Mamma Mia?! ¿Era aquello real? ¿Podía serlo? Eso parecía y sin dudarlo acepté. Sentí que aquel día mi vida, tan necesitada de arte como estaba, iba a dar un giro muy importante.

Y así, la que un día sería la tía Rosie, se preparó para afrontar el casting de Sophi. Sí sí, habéis leído bien, la encantadora y risueña hija de Donna. Os podéis imaginar la que se me vino encima cuando me designaron para el papel de Rosie… Por más que le daba vueltas al asunto.., ¡lo veía imposible! ¿Cómo iba una muchachita de 21 tiernos añitos a meterse en la piel de una loba solitaria con alma de Dynamo? ¿Cómo iba a modificar mi aspecto y mi voz para tratar de acercarme a la edad del personaje y hacerlo lo más creíble posible? Ése fue mi mayor reto: dar forma a la tía Rosie. No sé cuántas veces visioné y diseccioné la película de Mamma Mia, tratando de emular a la grandísima y admiradísima Julie Walters o cuántas veces me quedé pegada al portátil viendo escenas de las distintas versiones del musical representado en todo el mundo tratando de confeccionar “a lo Dr. Frankenstein” el personaje con cositas de esta actriz, cositas de aquélla… Evidentemente, mi queridísimo Jesús Alcañiz, nuestro irrepetible director de escena y mi compañero de reparto al que en mi familia y mis círculos más cercanos conocen como “mi marido en la ficción”, hizo una labor extraordinaria conmigo y a él debo gran parte de lo que hoy es Rosie, que sin quererlo ni beberlo ha acabado resurgiendo de un remix de cómicas españolas que han sido mi fuente y con las que  mis abuelos y mi tía acompañaban aquellas meriendas en la salita de estar viendo a Lina Morgan, a Gracita Morales… Y de vez en cuando también un poco de Charlot. Así que de forma quizá inconsciente la entrañable Rosie ha salido de un cajón de sastre de mi memoria en el que descansaban mis ídolos de la comedia, a los que de alguna forma hago tributo cada vez que me subo al escenario.

Siempre me ha parecido un arte complejo el de sacar una sonrisa al público y de ahí mi admiración por todos aquellos que lo han logrado alguna vez. Por esto, me siento la más agradecida, emocionada y afortunada por tener la oportunidad de encarnar a Rosie, que es una verdadera joya de personaje, un tesoro, muy agradecido y que me reporta una felicidad que pocas veces he experimentado tras una actuación de teatro y muchas felicitaciones que agradezco con el alma en esos momentos en los que los “dires” y el elenco salimos a hablar con el público que son realmente muy especiales.

De hecho, existen momentos clave de la obra que desde bambalinas nos sirven para medir la empatía con el público y el grado de divertimento que despiertan los diálogos y los personajes en los espectadores y curiosamente algunas de estas frases indicadoras surgen de este personaje. El mítico “Oh tu abuela” despierta verdadera simpatía y arranca carcajadas que, sin duda, nos estimulan para crecernos en el escenario.

¿Qué más puedo decir de Rosie? Pues que es un personaje que da mucha libertad y mucha rienda suelta a la imaginación. Que es una energía arrolladora y muy positiva que admito a veces me queda muy grande. Y es por ello por lo que he confirmado mis sospechas de que el simple hecho de subirse a un escenario para hacer un papel es un acto de valentía y responsabilidad en el que se dejan atrás sentimientos y situaciones personales que dominan el ánimo para enfocar toda la energía en el personaje que demanda de ti lo mejor, lo positivo para transmitírselo con fuerza al público que es lo que espera de nuestro espectáculo que tiene como fin máximo el disfrute de todos aquellos que lo dejan todo para vernos y pasarlo bien con nosotros. Por lo que también se ha convertido en una especie de terapia, de compañera… En definitiva Rosie saca lo mejor de Ana Teresa. Hay mucho de Ana Teresa en Rosie y también de Rosie en Ana Teresa. Así que Rosie es la excusa perfecta para ser un poco más yo.

Simplemente la adoro, le tengo un cariño muy especial y le debo mucho. Como debo también a los que han confiado en mí para este papel desde el principio y aún a día de hoy confían a ciegas. Al final me obligarán a admitir que tuvieron buen ojo y buen criterio, como en todo lo que hacen y que ése es mi pacto tácito con ellos: ellos me han dado a Rosie y yo les sigo “everywhere” profundamente agradecida y en deuda.

Y así ha sido. Juntos estamos viviendo una experiencia única, llevando nuestro espectáculo y nuestro entusiasmo por el género musical a distintos rincones de la geografía nacional, como aparece reflejado en el gran artículo de nuestro queridísimo técnico de sonido Manuel Belizón (aunque se le queda corto el cargo puesto que es pieza fundamental del éxito de cada directo y sin él no sería posible), haciendo disfrutar a distintos tipos de público y enriqueciéndonos con todas y cada una de esas vivencias.

Han sido tantos grandes momentos en el escenario y fuera de él (y los que nos quedan) que es de entender los lazos tan fuertes que nos unen a todos los miembros de Musicales 3C. El ambiente es envidiablemente sano y la amistad es el motor de esta empresa que no sería nada sin el compromiso de todos sus integrantes que es máximo y la base de que podamos ofrecer un espectáculo amateur con pocos medios a un público tan amplio y con grandísimos resultados. Somos la entregada tripulación de un barco que nos está llevando a los mejores puertos y con el que queremos seguir navegando a toda vela.

Porque sin duda está siendo la aventura más apasionante de mi vida y no la cambiaría por nada. Me ha abierto muchísimas puertas y me ha reportado un bienestar que no tiene precio. Espero seguir muchos años en esta simbiosis con Musicales 3C y todos vosotros, compañeros y amigos, que desde aquí aprovecho para mandaros un abrazo gigantesco. (Sabéis que os quiero mucho).  

Pero no quiero despedirme sin antes mencionar a la que fue mi descubridora y a la que estaré eternamente agradecida por ser la persona que me invitó a Tres Cantos, donde ya reside una parte de mí (hasta que me compre un piso por allí jajajaj), donde canté por primera vez y donde espero seguir cantando mucho tiempo y es Sandra González, nuestra gran (y premiada) coreógrafa que da sentido a cada escena, cada baile, cada movimiento de planchas, que resuelve exitosamente situaciones de riesgo… y que tiene unos padres que valen un potosí y a los que esta asociación debe mucho. ¡Te quiero compañera!

Es cierto que aunque al principio una se propone ser lo más sintética posible acaba por no serlo. Queridos todos, termino con mis mejores deseos para que este blog prospere y nos permita pasar momentos de lectura tan intensos como los que tratan de relatar. Un beso con todo mi cariño para todos los que lo leéis.

Os quiere,                                                                                                          la tía Rosie.