¿Cómo se prepara un musicalero para salir a escena?

Escrito por Manuel Belizón Cebada

¿Cómo estáis, amigos musicaleros? Esta semana hemos tenido la oportunidad de tomar un café con tres de nuestros miembros más activos. Mónica Fernández, Ana Calvo y Julio Vaquero llevan ya varios años formando parte de esta asociación y colaboran asiduamente en diferentes secciones de nuestro grupo. Lo que más les gusta, por supuesto, es subirse al escenario a encarnar a los diferentes personajes que componen nuestros montajes y de los que son partícipes. Durante la charla, hemos aprovechado para lanzarles tres preguntas que, seguro, no os dejarán indiferentes.

¿Qué hacéis justo antes de empezar la función? ¿En qué soléis pensar en esos momentos de nervios? Y, ¿cómo conectáis con vuestro personaje o con la escena?

MÓNICA: 20 minutos antes de empezar la función, además de maquillarme para el evento, suelo hacer calentamiento vocal, no solo calentar las cuerdas vocales sino también calentar toda la musculatura  que nos permite hablar o cantar con corrección (la boca, la cara, ...) y para que nos entienda, es decir, para vocalizar. Justo cuando ya parece que va a empezar la función, trato de estar en silencio muy concentrada en el momento que tengo que salir. Me gusta mucho ese momento de concentración que tenemos todos porque hay muchos compañeros que se acercan a saludarte y a desearte suerte y eso es magnífico. El compañerismo en Musicales 3C es de Sobresaliente. 

Últimamente me da por pensar que se me va a olvidar la letra de alguna canción cuando la tengo más que memorizada. Esto es producto de los nervios. Trato entonces de respirar profundo para que los miedos se vayan. Pienso entonces que hay que disfrutar del momento y de la actuación porque después te das cuenta que se te ha pasado en un respiro. 

Mi personaje (Donna) cambia de estado de ánimo casi cada vez que aparece en escena. Primero está contenta porque se reencuentra con sus amigas, después está en estado de shock porque se encuentra con  sus antiguos amantes y después está triste porque no sabe cómo arreglar la situación que se le  presenta. ¡Son 3 estados de ánimo diferentes en 20 minutos! Pienso entonces en lo que me decía mi profe de teatro en Aldaba (Diana) que hay que salir “cargada” con la emoción, es decir, tienes que tratar de imaginar que te está pasando realmente y entonces tratar de sacar esa emoción hacia fuera. Es realmente complicado pero siempre trato de sacar lo mejor de mí para que nuestro público sienta eso que nosotros estamos sintiendo. Mucha gente, a la salida de las actuaciones, me ha contando que les he hecho llorar cuando tengo la escena en el dormitorio con Sophie, cuando la estoy vistiendo, y eso es muy bonito porque quiere decir que el trabajo interpretativo está conseguido. También he de agradecer mucho a nuestro director de escena Jesús Alcáñiz que es un crack y ha sacado de cada actor/actriz lo mejor.

 

ANA: Bueno, bueno, bueno.., pensé que nunca me ibais a hacer esas preguntitas... Pues veréis quizá os penséis que me pongo a recitar en inglés clásico a lo Hamlet con la calavera de rigor en la mano o que me canto una de Verdi para calentar todas las cuerdas vocales (qué sería de mí si tuviéramos más de dos), o que me tumbo en una esterilla a hacer pilates (para conservar este cuerpazo de infarto) o pranamañás o pranayamas o como leches se diga eso y alcanzar un estado de perfecta concentración... Pues nada más lejos de la realidad queridos. Yo soy más rural, más silvestre, como los tejones, más simplona. Justo antes de empezar le pido al menos a tres compañeros (uno me parece tentar a la suerte) que me miren la petaca (no no es la del chupito de ron ¡malpensados!) ¡la del micro! que tiene un precioso y diminuto pilotito rojo que es señal de que todo va perfectamente y que una vez salimos a escena sólo tenemos que limitarnos a hacer lo que sabemos (¡gracias Lolo! Es nuestro galardonado técnico de sonido que se encarga de que nuestra voz salga limpita y que llegue a los espectadores sin que les exploten los tímpanos, entre otras muchas cosas). Una vez este punto está totalmente bajo control, me vuelvo a colocar los pelos de la peluca y me cercioro de que están en su sitio (no me digáis que os pensabais que era mi pelo queridos míos... porque os diré que pongo mucho esmero en cuidar mi poco frondosa melena... Aunque como en el fondo sé que tengo el pelo de una momia prefiero actuar con peluca. Por respeto.) Y controlados estos dos puntos ¡a vivir! Entonces es cuando, de los nervios, me pongo a dar vueltas por el escenario y a aclararme la garganta a base de toses y carraspeos ¡error! Pero así es una servidora. Un buen carraspeo a tiempo es una liberación ¡qué gustazo! Y ya cuando empieza a retumbar por todo el teatro la famosa melodía inicial de Mamma Mia y la introducción de nuestra voz más sexi (¡ole qué directora!) pues ya es un no parar de carraspeo pa´arriba carraspeo pa´abajo. Toda yo soy un carraspeo. 

Así que como véis no hago nada espectacular justo antes de empezar la función. Y no es por falta de ganas señores.., porque veo a mis compañeras bailarinas ponerse un pie, monísimo oye, a la altura de la frente y me da más bien envidia, cosica y envidia. A mí se me caería la pierna. Nunca fui muy flexible y por eso me dediqué a cantar. Ea ya lo he dicho.

Pensar no sé ni en qué pienso en esos momentos. Yo diría que más bien intento no hacerlo y me encomiendo a todos los santos para que me echen una maneja y no me quede afónica nada más empezar o me dé un apretón de los que no se pueden contener, ya tú sabeh,  (que no podemos tirar de la cadena porque no viene en el guion y porque el pilotito rojo es muy traicionero).

Entre tantas idas y venidas para meterme en el personaje pienso en un mutante. Sí sí, así como suena. En cómo sería el resultado final si mezclara a Julie Walters con Lina Morgan y a la que voy a ello me voy imaginando los achaques que tengo. Y es que señores ¡ya no está una pa´ estos trotes! Y ahí va otro carraspeo ¡que no falte!

 

JULIO: En mi caso todas esas preguntas tienen una misma respuesta. Cuando ya estoy maquillado, cambiado, con las pilas cambiadas y listo para empezar, me meto en mi Chilinguito para estar lo más aislado posible. En ese momento cierro los ojos, me relajo y el mundo a mi alrededor se transforma. El público se convierte en un interminable mar azul, la escena en una playa, las cajas en un bonito pueblo griego y todos mis compañeros en griegos que, como yo, van a vivir una apasionante historia que ronda sobre una boda. En tan adecuado escenario es hora de transformarme: Julio Vaquero debe abandonar mi cuerpo para que pase a disposición de Chili, un hortera de playa que solo tiene una cosa entre ceja y ceja,  y una vez que el personaje esta dentro de mí, repaso mentalmente todas las escenas como si yo fuese un mero espectador (es decir, mirándome en tercera persona). Cuando la obertura suena Julio retoma mi cuerpo para encender la petaca, hacer el "circulo de poder" y desear suerte a mis compañeros. Finalmente me vuelvo a meter en el Chilinguito, lugar donde Chili se establecerá finalmente. Julio Vaquero nunca ha actuado en Mamma Mia! (solo aparece para cambiarse de ropa o hacer coros). Es Chili el que se encarga de todo....por ello jamás me pongo nervioso durante una actuación.